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El premio Dr. Tola 2018 afirma que las universidades tienden más a competir que a compartir…y el mérito de la red CINDA es compartir lo bueno y lo malo.

Cuando uno conversa con Luis Eduardo González, pareciera que sus más de 30 años de experiencia en la educación superior y el entusiasmo con que habla de la creación de redes, quisieran desbordar la propia expresión del destacado académico y premio Dr. Tola 2018. La entrega del reconocimiento, por la unanimidad de los representantes de 38 universidades de la red CINDA, amerita conocer más sobre su labor y los méritos que lo llevaron a ser distinguido por la entidad.

“El reconocimiento no es por labor en CINDA sino con una perspectiva más amplia, de lo que hemos hecho desde CINDA hacia América Latina y las universidades de Europa que participan. Entonces, es una mirada distinta, creo yo. Una prestación de servicios desde una institución como ésta hacia el resto de la educación superior de América Latina principalmente. Y como me toca a mí, quiera destacar algunas cosas desde esta perspectiva personal” afirma de entrada. Y continúa: “Lo primero: yo no vengo del mundo de la educación propiamente tal, sino que mi primera formación es de ingeniería, soy ingeniero. Y yo me topé ahí con una persona que fue el subdirector de CINDA por veinte años y que se llama Hernán Ayarza. Él era el director de la escuela y yo era alumno y tuvimos una empatía siempre. Yo participaba activamente cuando vino la reforma de la católica en la parte de desarrollo docente, en la formación de ingenieros. Él se interesó y me llamó a trabajar con él, yo como alumno, él como director de la escuela”.

Trayectoria

El GOP

Los recuerdos se agolpan en la memoria de Luis Eduardo González, pero se ordena y continúa su relato: “Lo primero que hicimos fue hacer un catastro de lo que había en América Latina en docencia universitaria y no sé si hay alguna publicación de eso pero un informe sí hay. Descubrimos como 20 programas de pedagogía universitaria y tratamos de armar una red. Esos son los primeros albores de lo que hoy día es el grupo operativo, pero se armó una red de docencia universitaria”. Hicimos un primer seminario, una reunión, si no me equivoco en la Universidad de Costa Rica, estoy hablando de comienzos de los 80. La red empezó a tomar cuerpo y al poco andar pudimos postular a un programa de la OEA donde el director de educación era Raúl Allard, un chileno muy vinculado a CINDA también y que fue viceministro de educación posteriormente. Raúl nos apoyó, nos dijo que a la OEA le vendría muy bien que trabajáramos en algún programa de este tipo, que hiciéramos una red y durante muchos años entonces…no sé cuántos…diez años…once años tal vez, operamos con apoyo desde la OEA, postulando a proyectos anualmente, o proyectos trienales, trabajando en la línea de docencia y de política universitaria.

Satisfacciones

Para González haber escrito los proyectos, el contacto con mucha gente, su interés, entusiasmaba también al ingeniero porque era su tema: un grupo con mucha cercanía humana y “entusiasmado con hacer cosas”.

-Si mira hacia atrás, ¿se ha cumplido lo que se propusieron?

Una cosa muy importante que ha pasado siempre y que se ha ido caracterizando y fortaleciendo es que siempre nosotros nos hemos adelantado a las modas y la pregunta es por qué. ¿Porque somos inteligentes, porque sabemos mucho? NO. Es porque le preguntamos a la gente cuáles son sus problemas. Entonces, en una reunión de personas dedicadas a la docencia de estas 20 universidades de CINDA, no sé cuántas serían en ese tiempo, y otras universidades que no eran de CINDA…que es otra cosa bien abierta…CINDA al servicio de otras universidades que no eran de CINDA… tenían esta sensibilidad y esta idea de trabajo compartido. Eso fue lo que se fue construyendo pero su sensibilidad era detectar los problemas acuciantes que ellos tenían y a partir de eso se generaba un proyecto y se buscaban recursos. Entonces se entusiasmaban para seguir con otro problema. Y así surgió el Grupo Operativo que hoy lleva más de treinta años en esta actividad. Ese es el primer hito.

-¿Y los otros hitos?

Después entraron los proyectos Alfa. Se incorporaron universidades europeas. No deja de ser significativa esta idea de que éramos de las pocas redes, creo que había dos: nosotros y otra más, la UIM, tenían esta característica de ser latinoamericano-europeas, con lo cual podíamos entrar a estos proyectos Alfa en condiciones privilegiadas.

-¿Qué son los proyectos Alfa?

Son fondos de la comunidad europea para ayudar al desarrollo académico de América Latina en trabajo conjunto con universidades de ese continente. Ahí hubo dos o tres proyectos Alfa, en que nos tocó prepararlo, presentarlo y organizar entonces, grupos con universidades de CINDA y con universidades de América Latina. En esos proyectos hubo también este mismo espíritu, esta misma capacidad de producir en conjunto, y fue muy enriquecedor. Creo que eso generó en CINDA una suerte de sustrato, de tierra fértil para crear posteriormente redes y otras actividades de la institución.

Modernidad y futuro

“Entre los años 80-90 ya se hablaba de un uso de medios tecnológicos en la docencia, no tanto en la parte de administración, porque no había el desarrollo que había ahora, pero sí ya se había sensibilizado en parte lo de la educación a distancia y las universidades ya se habían empezado a preocupar. Estoy diciendo eso porque nosotros vamos 20 años o 30 años antes de que la gente empiece a pensarlo ahora en serio como está pensándolo. Ya en estos grupos se hablaba de eso y hay publicaciones. Desafío

“Son muchísimos: primero yo diría que hay que partir de la base de que no hay que obnubilarse con la tecnología. Yo creo que un buen profesor en una clase, sigue siendo un buen profesor en una clase”.

-¿Segundo?

“No hay que entusiasmarse ni con la clase tradicional ni con todos los sistemas automatizados de gestión y en fin. Pero ciertamente hoy día los profesores tienen que saber que todos sus estudiantes están con el computador en la mano, que están chequeando lo que él dice si es que no están jugando (lo que también hacen en paralelo), que la audiencia es distinta. Eso es lo más importante, más que los aparatos. ¿Cuál es la mayor diferencia? Que desde ‘la prehistoria’, el profesor hace de intermediador entre la literatura, entre los libros y sus estudiantes. Eso se acabó, porque hoy día la mediación la hacen directamente los medios tecnológicos y los estudiantes intervienen directamente con el contenido que le entregan estos medios”.

Distinto es en términos de lo que es la gestión. Y ahí usted me saca otro tema que son las redes. Me ha tocado trabajar con cuatro redes. La primera es el grupo operativo, constituido por 16 universidades del consejo de Rectores, con una participación de cincuenta académicos y que tiene su origen en los proyectos de la OEA de comienzos de los años 80, que después recibió desde el ministerio de Educación fondos anuales de un programa que se llama el FDI y con esos fondos se hicieron 20 proyectos en temas relevantes a juicio de los participantes de cada universidad. Yo diría que parte significativa de los cambios que han ocurrido en las universidades externamente se han hecho con esta perspectiva de los libros, que no son teoría, son presentación de ejemplos de casos que se han podido implementar. Conversábamos con los que participan, que algunos llevan 30 años en esto y calculan que el 80 por ciento de lo que se ha dicho en estos libros, se ha implementado en las universidades. Eso es su opinión en todo caso. Ese es el tema uno.

Segundo hito

“La segunda red es la de los vicerrectores de Administración y Finanzas, la que se autogeneró desde los propios vicerrectores y la lideró la vicerrectora de la Universidad del Norte, de Colombia. Esa red tenía, por lo menos hasta que me fui, una red en whatsapp. Han hecho cosas como comprar bibliotecas en conjunto, para disminuir los costos de compra. Han comprado materiales de CINDA, de equipamiento en conjunto, tienen participación en programas de intercambio en tecnología de recursos humanos. Han venido a intercambio de gestores, vicerrectores de Administración y Finanzas, encargados de computación, encargados de recursos humanos, que tienen estadías de una semana, quince días de una universidad a otra, que se aprenden lo que hay, que llevan su tecnología de una a otra, en fin. Ese es el nivel de intercambio que se ha logrado en esa área, autogenerado por ellos. Y nosotros, por eso le hablaba yo de esta tierra fértil donde había la posibilidad de este intercambio, nos comprometimos y ayudamos a generar esa red, que creo que está bastante bien”.

Tercer hito

“La red de vicerrectores de Investigación se creó desde CINDA con la Universidad de Concepción inicialmente. Convocamos a todos los rectores y hubo un gran entusiasmo en participar. A la primera reunión de las 40 universidades vinieron 36. La inauguró el secretario general de la OEA, quien en esa época era chileno, José Miguel Insulza, muy amigo de CINDA además, vinieron rectores…esa red se ha ido consolidando y ha propuesto desafíos importantes, como por ejemplo el intercambio de docentes, de académicos, la creación de programas conjuntos de doctorados, en fin. Cuando dejé esa red, se estaba preparando un programa de un foro mundial de agua, paralelo a la red de los vicerrectores y, desde las universidades de CINDA ya se había detectado 20 centros de investigación sobre temas de agua. Se codificaron todos los temas de investigación en las universidades CINDA, con el código OCDE, para poder interactuar, facilitar el intercambio.

Cuarto hito

“Y la cuarta es la red de intercambio de estudiantes, que partió por una iniciativa de la universidad católica de Perú, pero que hoy involucra a todas las universidades CINDA y nosotros incorporamos a ese intercambio de alumnos de pregrado, los de posgrado, y posteriormente esta petición de los vicerrectores de investigación por el intercambio de académicos, especialmente de doctorados. Y a mí me tocó coordinar esa red”.

Luis Eduardo González no puede terminar esta parte del relato sin recalcar que “también hay otra red que no coordiné yo, que lo hizo directamente la directora y es la de vicerrectores académicos, que también ha hecho proyectos. Esa red se crea, a mi modo de ver, sobre la base de la experiencia que ya había en las otras que existían previamente”.

Lo bueno y lo malo

El homenajeado Luis Eduardo González proyecta su compromiso hacia lo que viene y señala que “me resulta complejo dar recetas, sobre todo porque hay una mirada que tiene que ser distinta, pero tal vez la idea sería aprovechar la experiencia que hay en este trabajo en red. Las universidades muchas veces tienden a competir más que a compartir. Y en CINDA lo que se comparte es lo bueno y lo malo. Creo que en eso hay mucho que aprender. Cuando la gente se cae, comete errores, no le resultan las cosas, las esconde. Aquí las comparten en las redes en que a mí me ha tocado participar, eso es maravilloso porque le generan a uno lazos de hacer cosas juntos mucho más fuertes. Lo otro, es esta idea de compartir no sólo la experiencia sino la de fortalecer el intercambio, especialmente en el mundo de la investigación. Hoy estamos metidos en el mundo de la publicación, lo único que nos interesa es estar en un paper. Yo también me meto en esa carrera, no estoy esquivando las responsabilidades que pueda tener, pero esta cosa distinta de compartir, de poder generar programas de doctorados juntos, en que un profesor pueda venir de otra parte y estar un tiempo en un instituto, en que pueda haber co-tutelas de tesis, participación cruzada en comités de doctorados de universidades de CINDA, titulaciones compartidas de más de una universidad (ya hay algunas experiencias entre universidades CINDA), a mí me parece que está bien, pero todavía nos queda mucho por crecer, lo que es un buen desafío”.