El profesor mecánico que vaticinó Isaac Asimov era «grande, negro y feo, con su enorme pantalla, en la que se inscribían todas las lecciones y se formulaban las preguntas». Margie, la alumna del cuento ¡Cómo se divertían!, publicado en 1951, «detestaba sobre todo la ranura donde tenía que depositar los deberes y los ejercicios». Este robot de aspecto humanoide impartía sus clases en el hogar familiar, se encendía automáticamente durante un horario determinado y«calculaba la nota en menos tiempo que se precisa para respirar».

¿Cómo de atinado estuvo en sus pronósticos sobre enseñanza el escritor de ciencia ficción más célebre de la historia? A pesar de su extraordinaria visión vanguardista, Asimov se quedó corto en algunas de sus predicciones más atrevidas, a tenor de la importante evolución experimentada en los últimos años por la aplicación de programas de inteligencia artificial (IA) en determinados procesos educativos.

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