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Centro Interuniversitario de Desarrollo

Miguel Fiallo Calderón redonda
Arq. Miguel Fiallo Calderón
Rector Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña
2026-09-25
Columnas de opinión
La Educación Superior y el desafío de seguir siendo humana

Arq. Miguel Fiallo Calderón
Rector Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña

En tiempos de transformaciones aceleradas, la educación superior está llamada a reflexionar sobre su misión y su futuro. Adaptarse a los cambios constituye una parte de esa tarea; la otra consiste en interpretarlos y orientar sus respuestas manteniendo presente aquello que da sentido a la universidad: formar personas íntegras, libres y comprometidas con la sociedad.

Hoy hablamos de inteligencia artificial, digitalización, nuevas competencias, innovación e internacionalización. Todos estos temas son necesarios. Pero la pregunta de fondo sigue siendo: ¿para qué educamos?

Educar supone preparar profesionales competentes y formar personas capaces de pensar con independencia, actuar con criterio ético y asumir las consecuencias de sus decisiones. La universidad cumple su misión cuando el conocimiento permite comprender mejor la realidad y contribuye a transformarla responsablemente.

La abundancia de información hace más exigente esta responsabilidad. Evaluar fuentes, contrastar argumentos, fundamentar juicios y reconocer los límites del propio saber son condiciones esenciales para la autonomía intelectual que debemos cultivar.

Desde esta perspectiva, incorporar la inteligencia artificial exige una orientación académica y ética clara. Corresponde a las universidades establecer criterios para su uso responsable, preparar a sus docentes y revisar cómo enseñamos y evaluamos. Su valor dependerá de cuánto contribuya a comprender, investigar y crear, preservando la honestidad académica, el esfuerzo intelectual y la responsabilidad personal.

En América Latina y el Caribe, este desafío adquiere una dimensión particular. Las desigualdades y las brechas de acceso a oportunidades educativas y tecnológicas obligan a que la transformación universitaria tenga también un sentido de equidad. La apertura internacional, las redes de investigación y la cooperación adquieren verdadero valor cuando fortalecen nuestra capacidad de responder a las necesidades de nuestros países.

En la República Dominicana, la educación superior constituye una responsabilidad estratégica para el desarrollo nacional. Formar talento, producir conocimiento y fortalecer nuestras instituciones exige continuidad, colaboración y una visión que trascienda las urgencias.

La calidad universitaria debe expresarse tanto en sus estándares y procesos de acreditación como en la formación de profesionales íntegros, en la pertinencia de la investigación y en la capacidad de la universidad para vincularse responsablemente con la sociedad.

También debemos comprender mejor a los estudiantes de este tiempo. Acompañarlos exige revisar las prácticas pedagógicas, fortalecer la orientación académica y sostener, al mismo tiempo, la exigencia y la sensibilidad ante sus circunstancias. El docente continúa ocupando un lugar central: orientar el aprendizaje, estimular preguntas y ofrecer una referencia intelectual y ética son responsabilidades que requieren formación continua.

Dirigir una universidad implica discernir qué cambios fortalecen su misión, crear las condiciones para realizarlos y responder por sus resultados. La prudencia, la escucha y la firmeza en los principios son esenciales frente a las presiones inmediatas.

El desafío de seguir siendo humana consiste, precisamente, en dar a cada avance un propósito educativo y social.

La universidad debe innovar, pero también preservar aquello que ninguna tecnología puede sustituir: el criterio, la responsabilidad, la capacidad de comprender al otro y el compromiso con el bien común.

En la coherencia con que asumamos esa misión se juega la confianza de la sociedad y nuestra contribución a las próximas generaciones.