Dr. Juan Carlos de la Llera. Rector de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
En momentos en que la inteligencia artificial avanza a un ritmo que desafía la capacidad de reacción de gobiernos, empresas y sistemas educativos, el rector de la Pontificia Universidad Católica de Chile, el Dr. Juan Carlos de la Llera, advierte que el verdadero riesgo no es la tecnología en sí, sino perder de vista aquello que debe orientar su desarrollo: el ser humano. Plantea que el conocimiento sigue siendo la única ventaja capaz de impulsar un desarrollo sostenible y sostiene que renunciar a la investigación es, en los hechos, renunciar al futuro.
Desde esa convicción, el rector de la PUC de Chile reivindica el papel de las universidades como espacios llamados a producir evidencia, fortalecer el debate público y resguardar el pensamiento crítico. A su juicio, la irrupción de la inteligencia artificial obliga a transformar la enseñanza, pero también a reforzar las humanidades y la formación ética para evitar que las decisiones sobre el futuro de la sociedad queden exclusivamente en manos de la tecnología o de un reducido grupo de grandes empresas. «Tenemos que poner a la persona por delante», insiste, convencido que el desafío de las universidades no es competir con la inteligencia artificial, sino formar ciudadanos capaces de comprenderla y conducirla al servicio del desarrollo humano.
Dentro de las líneas más importantes para usted está la legitimidad institucional de las universidades. ¿En qué se traduce eso en el contexto actual?
Creo que hoy día, efectivamente el mundo está en un proceso de transformación, sobre todo por el tema de inteligencia artificial. Eso está causando cambios, no solamente a nivel de empresas, de negocios, de gobiernos, sino también a nivel de universidades. Ahí viene un tema que es muy importante, saber cómo las Instituciones de Educación Superior somos capaces de colocar a la persona por delante de toda esta revolución que está ocurriendo y esa es una de las prioridades que tenemos.
Ha estado muy presente en el debate público el desafío de llegar a ser Chile, un país más desarrollado, volver a crecer, y qué tan rentables o no para ese objetivo son la investigación y el desarrollo del conocimiento. ¿Cuál es su lectura sobre ese tema?
Mi lectura es muy simple y muy directa. Lo único que le puede realmente cambiar la vida a una sociedad hoy día, de aquí al futuro, es el conocimiento. En particular la educación como parte de ese proceso para generar conocimiento.
No hay otra alternativa que pueda permitir a un país desarrollar ventajas que sean sostenibles desde el punto de vista innovador, que no sea a través de potenciar esa capacidad de conocimiento. El problema que eso tiene es que toma tiempo y requiere trabajo continuo. Mira lo que pasó hace tres semanas, por ejemplo, después de 40 años no había existido ningún descubrimiento o algo significativo en el cáncer de páncreas. Y hace tres semanas fue difundido en la revista New England Journal of Medicine, el desarrollo de un nuevo medicamento que se construye sobre una investigación fundamental gigantesca, que hoy día duplica el tiempo de vida de una persona con un cáncer pancreático que tenga metástasis. Hay que entender que así se construye obviamente el futuro del ser humano.
Requiere tiempo, trabajo. Cada uno de nosotros va colocando ladrillo sobre ladrillo para finalmente llegar a una solución que la sociedad necesita. Entonces, creo que eso no hay que perderlo de vista, hay que entender que es el conocimiento el que finalmente hace que los países puedan generar ciertas ventajas que les permitan tomar una posición de liderazgo a nivel mundial. Si uno renuncia al conocimiento, directamente es renunciar al desarrollo por completo.
En ese sentido, hay un tema que nos pilló sobre la marcha y es todo lo que respecta a la inteligencia artificial. Estamos más o menos en pañales a nivel global sobre cómo reaccionar a lo vertiginoso que ha sido el cambio. ¿Cómo analizar el impacto de la inteligencia artificial en el desarrollo formativo de las universidades?
Creo que mundialmente estamos bien atrasados. La formación, como dices tú, que es un tema absolutamente central hoy día. Cómo realmente logro que esa formación apoyada por herramientas de inteligencia artificial pueda llegar a ser mucho más, por ejemplo, personalizada, que los procesos de aprendizaje se acompañen mucho mejor, por ejemplo. Pero también la investigación.
Hoy día la inteligencia artificial te puede generar aceleramientos gigantescos en la investigación que el ser humano puede hacer y hay una oportunidad enorme para que realmente nos pongamos también más cerca de la frontera de distintos problemas del conocimiento. Son innumerables los problemas donde podemos potenciarlos con inteligencia artificial. También la gestión de las universidades tiene que facilitarse a través del uso de esta herramienta y que uno pueda concentrar y enfocar su trabajo en los temas que son más importantes y que requieren una reflexión que, por supuesto, no vas a poder conseguir desde la inteligencia artificial.
Lo fundamental está en cómo lograr que esta inteligencia artificial no condicione el futuro del ser humano, sino que sea el ser humano el que de alguna manera dirige en la dirección correcta a esta inteligencia artificial, que es una tremenda herramienta, pero que mal utilizada puede ser también muy perjudicial.
Este tema en particular hoy día está calando hondo en movimientos organizados anti inteligencia artificial, sobre todo de jóvenes, y esto se ha tomado portadas en el último tiempo en medios a nivel global. Están haciendo llamados masivos a frenar su desarrollo. ¿Cómo ve eso en particular en el trabajo con los jóvenes?
Lo veo como un fenómeno social muy serio, que hay que prestarle muchísima atención, porque efectivamente esto ha sucedido ya en la historia de la humanidad. Obviamente hoy día se comenta la revolución industrial, la primera, y claramente el desarrollo de formas de sustituir la fuerza humana por ciertos mecanismos, etc.
Pero esto es mucho más profundo, porque toca a un componente muy importante del ser humano, que es la inteligencia, la capacidad de procesar información, de inferir, la capacidad de conectar cosas. La inteligencia artificial no va a tocar, por supuesto, una dimensión todavía que es aún más fundamental, que es la conciencia del ser humano. Afortunadamente eso es imposible. Sin embargo, esto amenaza y va a producir destrucciones de empleo, va a producir cambios en carreras y un reajuste completo del sistema.
Lo que estamos observando son las reacciones, tal vez iniciales incluso, de ese reajuste. Pero esto ya ha ocurrido en la historia del ser humano, y justamente aquí hay un rol de las universidades, que es extraordinariamente desafiante, pero a su vez bonito: cómo conducimos este proceso de transformación para que realmente el ser humano siga teniendo las riendas de todo lo que es su desarrollo futuro. Si tú simplemente te transformas en una entidad tecnocrática, que estás enseñando una disciplina, y te olvidas de este contexto social y también humano, es muy complejo lograrlo.
Debemos reflexionar sobre esta inquietud de la sociedad y de la juventud de que unos pocos decidan en qué camino va el mundo. Cómo uno tiene que realmente conducir eso, navegar este gran tsunami de la IA, no perdiendo de vista qué es lo importante en el ser humano. Las humanidades van a jugar un rol absolutamente fundamental. Y no sé si las humanidades hoy día están reaccionando también a la velocidad que se requiere para hacer estas discusiones que son más fundamentales.
Extracto de la entrevista publicada en el diario El Mostrador en https://www.youtube.com/watch?v=OEGsY9lk7HM&t=6s
