5 de Mayo, 2021

El 22 de noviembre de 1971, la Pontificia Universidad Católica de Chile, la Pontificia Universidad Católica del Perú y la Universidad de Los Andes, de Colombia, suscribieron el convenio que fundaba el Centro Interuniversitario de Desarrollo Andino (CINDA) como una institución autónoma, de carácter científico y académico, destinada a desarrollar y promover la investigación y el conocimiento en América Latina.

Con el tiempo se incorporaron otras instituciones latinoamericanas, y a principios de los 90 la red se siguió extendiendo, hasta llegar al presente con 39 instituciones miembros en América Latina y Europa.

Cumplimos 50 años, y este aniversario nos encuentra en un momento que desafía a la educación superior, y que exige toda nuestra creatividad y capacidad de trabajar colaborativamente. En las siguientes palabras, nuestra directora ejecutiva, María José Lemaitre, y el presidente de CINDA, Josep Planell, abordan el carácter del trabajo desarrollado por CINDA y los desafíos que deberemos enfrentar en el futuro.

50 años de compromiso con la educación superior

María José Lemaitre

Directora Ejecutiva de CINDA

Hace 50 años, los rectores de tres importantes universidades de la región andina se reunieron con Iván Lavados para cooperar en el esfuerzo de poner su conocimiento acumulado y su capacidad de reflexión crítica al servicio de la educación superior. En este período, CINDA ha cambiado mucho: de tres universidades llegó a 39; del área andina se expandió a América Latina al inicio, y luego a Europa; de ser una red centrada en autoridades superiores, hoy involucra y trabaja con académicos, personal administrativo y de gestión, estudiantes de pre y posgrado.

La educación superior de hoy es muy distinta a la de 1971; los desafíos son otros, las urgencias y las necesidades también, y CINDA ha sabido responder a este nuevo escenario, manteniendo fielmente sus compromisos iniciales, expresados en la participación, el respeto por la cultura y los procedimientos de cada institución, el abordaje de temas críticos, la identificación e intercambio de buenas prácticas, el aprendizaje compartido, el análisis y difusión de los resultados de su trabajo en los sistemas de educación superior de la región.

Cuando celebramos nuestros 45 años miramos la historia de CINDA. En este 50° aniversario queremos mirar hacia el futuro, con los pies firmemente puestos en el presente, desde nuestros distintos ámbitos de acción.

Somos una red de universidades que se ha ido ampliando en una serie de subredes. Estas nos ponen en permanente contacto con los desafíos y necesidades que enfrentan las instituciones: la Junta Directiva, que reúne a los rectores, plantea los grandes retos de gestión y gobierno. La digitalización, el abordaje de emergencias como la pandemia, la forma que adoptarán las distintas funciones universitarias cuando sea posible volver a una normalidad necesariamente diferente a la que estamos acostumbrados, son temas que es preciso asumir. Los vicerrectores académicos, de investigación, de administración y finanzas concretan estas preocupaciones desde su perspectiva, y trabajamos en internacionalización desde su potencial transformador, en la transformación del proceso de aprendizaje, enseñanza y evaluación, en la renovación de los mecanismos para evaluar la calidad e impacto de la investigación, los desafíos en la gestión, los cambios en las formas de definir, evaluar y promover la calidad de la docencia, la promoción del intercambio y el aprendizaje compartido de académicos, gestores y estudiantes.

Nada de esto sería posible sin la colaboración generosa de los académicos, profesionales y administrativos de nuestras universidades. Ellos asumen diversas tareas en comunidades de trabajo o grupos colaborativos, y recogen, analizan y evalúan buenas prácticas en las diversas áreas de acción; desarrollan procesos de autoevaluación, actúan como pares evaluadores y contribuyen a redefinir los procesos de aseguramiento de la calidad.

Tenemos que celebrar nuestro aniversario número 50. No nos vamos a dejar aplastar por la pandemia, y organizaremos diversas actividades, las que resulten posibles en este período de incertidumbre y confinamiento. Estamos abiertos (y expectantes) a la creatividad de nuestros miembros, que pueden hacernos llegar sus propuestas para una celebración más completa.

¡Feliz aniversario!

50 años de CINDA

Josep A. Planell

Rector de la Universitat Oberta de Catalunya
Presidente de CINDA

Toda continuidad institucional necesita de una combinación de perseverancia y acierto respecto a sus principios fundacionales y a su adaptación a la realidad de cada momento. El hecho de que una asociación de instituciones, en este caso de universidades, alcance su cincuentenario con plena salud significa no sólo que su razón de ser sigue vigente, sino que lo que se ha hecho en estos 50 años se ha hecho con sentido.

Y es que, a mi modo de ver, CINDA tiene un potencial indiscutible. Tanto por tratarse de una red institucional que pivota alrededor de sus autoridades superiores, como porque –desde su creación– ha sabido ver que solo las universidades y los sistemas universitarios que aseguren su calidad tendrán futuro. Este es probablemente uno de sus mayores activos. El conocimiento que he ido adquiriendo de CINDA y de la relación con los rectores de sus casi cuarenta universidades me ha hecho ver que todas ellas basan su prestigio y notoriedad en el esfuerzo que dedican a asegurar la calidad de sus programas y proyectos, con el fin de ofrecer una sólida formación a sus estudiantes y egresados y de lograr un impacto social en sus respectivos entornos. Para CINDA, el vector de la calidad constituye su rasgo diferencial, y persistir en él representa la mayor garantía de futuro para la educación superior.

Además, el papel de las universidades en este siglo XXI, gracias también a su transformación digital, es el de convertirse en nodos de conocimiento. En palabras de Rolf Tarrach, rector emérito de la Universidad de Luxemburgo y expresidente de la European Universities Association, «la universidad es una institución que genera, transmite, corrige, analiza, ordena, desglosa, examina, desarrolla y explica el conocimiento y contribuye a su uso». Sin embargo, el conocimiento no entiende de fronteras ni sobrevive en cotos privados, sino que existe y se genera en multitud de organizaciones, instituciones o administraciones. Las empresas, los hospitales, los museos o las administraciones públicas crean también conocimiento, cuyo potencial corresponde a las universidades analizar, ordenar o transmitir, convirtiéndose así en nodos conectores, transformadores y multiplicadores de dicho saber. Y aquí sobresale la importancia única y distintiva de CINDA como red de nodos de conocimiento. Esta es sin duda otra de sus características singulares, que se produce precisamente por el carácter institucional de la red, ya mencionado más arriba. Xavier Prats-Monné, exdirector general de Educación de la Comisión Europea, lo expresaba de forma muy diáfana en el último encuentro de la Junta Directiva de CINDA, en octubre de 2020: «La tarea principal de las universidades del siglo XXI es establecer una nueva gobernanza y un modelo de alianza y colaboración. Se estudiará toda la vida, pero también en muchos lugares. El futuro no es la universidad, es la plataforma de universidades: esta es la hora de las universidades –de CINDA y otras redes– de ofrecer con su ejemplo un nuevo modelo de colaboración multilateral».

Por todo ello, para mí representa un orgullo y sin duda un privilegio poder presidir CINDA en estos momentos, y poder ofrecer mi compromiso y mi trabajo en la consolidación de su proyecto de futuro. Sin duda, en los próximos años nuestra asociación estará llamada a convertirse en modelo para el desarrollo de la educación superior de calidad a nivel global.