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Nota técnica

Reflexiones sobre autonomía y calidad

Centro Interuniversitario de Desarrollo

   
2019
Las siguiente ideas fueron extraídas del capítulo "Autonomía y Calidad: dos caras de la misma moneda", escrito por Peter Maassen, en el libro digital "Diversidad, autonomía, calidad", editado por CINDA.

Masificación y reforma de la educación superior

La masificación que ha experimentado la educación superior a partir de mediados del siglo pasado generó nuevos desafíos para la conducción de los sistemas de educación superior; la presión sobre los fondos públicos, la incertidumbre acerca de la calidad y la ineficacia del gobierno del sistema promovieron reformas para modernizar la organización y el gobierno de la educación superior. Estas tuvieron distinto signo, desde un fuerte énfasis en el mercado y la competitividad, unido a una disminución del gasto público en los países anglosajones, hasta la opción europea, centrada en la conducción central por parte del gobierno y la vinculación de la autonomía institucional a la calidad de la educación superior.

Holanda fue uno de los primeros países en iniciar una reforma a la educación superior (1985), ejercicio que luego se replicó en la mayoría de los países de Europa continental.

Inicialmente, el foco estuvo en el refuerzo a la autonomía institucional tanto administrativa como académica, con una regulación ex post, mediante la evaluación de la calidad. Sin embargo, en el proceso de reformas, se fue debilitando el vínculo entre autonomía y calidad y se vinculó más directamente la autonomía con la conducción institucional profesional, sobre la base de dos supuestos:

  • Que las universidades e instituciones autónomas responderían con mayor eficacia a las necesidades de las partes interesadas en el mercado del conocimiento.
  • Que la organización estratégica organizacional de las universidades con mayor autonomía conduciría a una sana integración y diversidad sistémica.

Un cambio en la interpretación de la autonomía institucional

A partir del 2000, el autogobierno y libertad académica como elementos clave de la autonomía pierden importancia y el énfasis privilegia el espacio de manejo organizacional, dando relevancia a la relación interdependiente entre autonomía institucional y rendición de cuentas.

Sin embargo, no se toma en cuenta la necesidad de incorporar la definición tradicional de autonomía en esta nueva interpretación; como consecuencia, ya a mediados de los 2000 surgió la necesidad de estimular una cultura de calidad en sistemas e instituciones de educación superior, entendiendo la “cultura de la calidad” como un componente clave de la autonomía universitaria hoy.

Peter Drucker ya destacó que el rol de la cultura de una organización es más importante para su efectivo funcionamiento que su estructura (o estrategia). En esta misma línea, la Asociación Universitaria Europea (EUA) destaca el rol de la cultura de la calidad:

La cultura de la calidad en educación superior refiere a una cultura organizacional que intenta mejorar la calidad de manera permanente. Se caracteriza por:

  • Valores, creencias, expectativas y compromiso compartido acerca de la calidad.
  • Procesos de gestión definidos para la mejora de la calidad, que apuntan a la coordinación de esfuerzos individuales.

En esta lógica, los factores que caracterizan la madurez de una cultura de calidad en una institución de educación superior son:

  • Alto grado de autonomía institucional.
  • Procedimientos de rendición de cuenta pública, que enfatizan la responsabilidad institucional y reducen el peso de la obediencia a estándares externos.

Cultura de la calidad

La cultura de calidad puede ser una herramienta para preguntarse cómo funcionan las cosas, cómo operan las instituciones, con quién se relacionan y cómo se ven a sí mismas. Diversos estudios destacan la necesidad de combinar elementos de gestión con valores organizacionales, y de reconocer la complejidad propia de las diversas nociones de cultura y definiciones de calidad en la educación superior.

Cuatro factores fundamentales para la creación y mantención de la cultura de la calidad:

Liderazgo:

  • Compromiso de las autoridades.
  • Liderazgo mixto (valores académicos y de gestión).
  • Líderes que trabajan con el colectivo.

Provisión de recursos:

  • Crear tiempo y espacio para los académicos, reduciendo la carga de trabajo y ofreciendo capacitación.

Comunicación:

  • Usar un lenguaje común para hablar de enseñanza y aprendizaje.
  • Crear una línea de valores que defina la docencia de alta calidad.
  • Enfatizar que se puede aprender a impartir docencia de alta calidad.

Reconocimiento de las actividades de enseñanza y aprendizaje:

  • Crear mecanismos que institucionalicen la consideración de la enseñanza y el aprendizaje.
  • Instrumentos valiosos: premios para la docencia efectiva, creación de itinerarios de progreso académico basados en logros de enseñanza y aprendizaje, institucionalización de roles de liderazgo educativo.

Cultura de la calidad en la práctica

En muchos países se han desarrollado iniciativas tendientes a estimular una cultura de la calidad en las instituciones de educación superior, entre las que se puede destacar:

  • Establecimiento de unidades específicas para fortalecer la calidad de la enseñanza y el aprendizaje.
  • Creación de Centros de Excelencia de la educación (COEE).
  • Adaptación de itinerarios de carrera académica enfatizando el desempeño docente en la promoción, para fortalecer el prestigio de la docencia y el compromiso del personal académico con las tareas educativas.
  • Ampliación de las oportunidades para involucrar a los estudiantes en la docencia de calidad.

Se han visto avances importantes en Europa Occidental; sin embargo, las IES han debido enfrentar importantes desafíos:

Desafíos:

  1. Como abordar el riesgo de establecer ‘nichos de calidad’ y estimular una cultura integral, que conecte los niveles relevantes: sistema, institución, disciplina, programas de estudio, asignaturas e individuos.
  2. La necesidad de incluir la gestión institucional en los niveles relevantes y vincularla con el esfuerzo por mejorar la calidad más que con la rendición de cuentas.
  3. La mejora de la calidad exige contar con recursos; es preciso reasignar recursos presupuestarios en función de las exigencias de una cultura de la calidad.
  4. Equilibrar la importancia que hay que dar al desempeño formativo con la que suele darse a la investigación, y analizar la forma en que se asignan las recompensas, y sus implicaciones.
  5. Crear sistemas adecuados para evaluar las iniciativas relativas a la cultura de la calidad.
  6. Diseñar mecanismos focalizados y eficaces para la introducción y el uso de las TIC desde la perspectiva de las exigencias de una cultura de la calidad.
  7. Cómo ir más allá de un grupo activo y motivado de estudiantes, para involucrarlos en temas de calidad.

Relación entre autonomía y calidad

El desarrollo de la cultura de la calidad en la educación superior requiere que las autoridades institucionales tengan espacio de maniobra suficiente para estimular cambios culturales, incluyendo un equilibrio más parejo entre el estatus de la docencia y el de la investigación, la posibilidad de estimular la experimentación para averiguar qué funciona y qué no, invertir recursos adecuados y confiar en una capacidad administrativa eficaz.

La autonomía universitaria debe entenderse también a partir de los roles que las universidades han creado para sí mismas en su sociedad. La dinámica de la educación superior de un país no es necesariamente equivalente a la de otro; es necesario diseñar las reformas considerando su correspondencia con las culturas, prácticas e identidades institucionales existentes y de su posibilidad de ser absorbidas por ellas.