A través del estudio que se expone en el presente libro, se ha intentado comprender el proceso de transición entre educación media y superior y hacer propuestas para mejorar los mecanismos y los resultados de este proceso.
Para estos fines, dicho proceso de transición puede ser entendido “como un conjunto de fases que viven los estudiantes en un espacio temporal que se inicia en los momentos de culminación de su educación media –ya sea científico humanista o técnico profesional– hasta el momento de finalización del primer año de estudios en la educación superior” (Báez M. et al.).
En función de lo señalado se han identificado las distintas opciones de ingreso a la educación superior y sus implicancias para la calidad y la equidad del sistema. Además, se han analizado las discontinuidades y desarticulaciones entre el currículo de la enseñanza media y el de la enseñanza superior. Adicionalmente, se han sistematizado distintas estrategias de articulación y de reclutamiento para la educación superior así como también aquellos factores estudiantiles que inciden la transición y que han resultado positivos.
El estudio se realiza desde la perspectiva de las universidades participantes y con un enfoque más bien institucional, lo cual acota su alcance a este ámbito. Ello no implica desconocer, particularmente en el caso chileno, la existencia de otras instituciones postsecundarias, como asimismo la necesidad de analizar las políticas a nivel del sistema en su conjunto. Es así como los resultados del estudio permiten concluir en los temas señalados con algunas propuestas para mejorar el proceso de transición entre la educación media y superior, pero desde la perspectiva de las universidades. Tanto en el análisis como en las propuestas se tendrán en consideración aspectos académicos y biopsicosociales.
Dicho evento permitió recibir comentarios externos sobre el trabajo realizado en Chile por el Grupo Operativo y contrastar los resultados obtenidos con algunas experiencias internacionales. Los casos presentados en este libro muestran la diversidad de esfuerzos que se han realizado tanto en el país como en Europa y América Latina y denota la relevancia que ha ido adquiriendo este tema, atendiendo al crecimiento de la oferta de profesionales y a la consecuente dificultad para insertarse en el trabajo al término de la educación postsecundaria.
En la primera parte del texto, se da cuenta del trabajo del Grupo Operativo e incluye trabajos sobre el marco de referencia y experiencias internacionales sobre los instrumentos de diagnóstico y las diversas experiencias de las universidades para hacer más expedita la transición desde el término de los estudios sistemáticos a la inserción laboral. La segunda, recoge algunas experiencias ejemplificadoras en las universidades chilenas y extranjeras en relación al tema.
El aumento de la matrícula en la educación de pregrado y el incremento de la complejidad en los procesos productivos, sumado a la necesidad de los países por generar más conocimiento científico y más innovación para fortalecer su desarrollo, ha redundado en una mayor demanda en la formación de científicos y personal altamente especializado, lo que trae como consecuencia, el interés por el postgrado, él que ha adquirido mayor preponderancia particularmente en América Latina. De ahí que una adecuada articulación con los estudios de pregrado es absolutamente necesaria.
El libro aborda la conceptualización y algunos ejemplos de experiencias internacionales sobre articulación entre pregrado y postgrado, para luego centrarse en la situación actual de la transición en las universidades chilenas y el planteamiento de una propuesta de vinculación para las instituciones chilenas.
Los casos presentados en este libro muestran, que si bien existe interés y preocupación por el tema, tanto en el país como en América Latina, las experiencias sistematizadas y evaluadas son aún escasas. Dado el crecimiento del número de estudiantes y egresados del pregrado y el incremento de la oferta, cada vez más diversa, es evidente que el estudio y la sistematización de experiencias en este tema es ciertamente relevante para el mundo académico y el desarrollo de políticas educacionales.
Los resultados muestran una realidad ambigua: si bien se reconoce la importancia de la formación práctica –en una perspectiva amplia, que incluye tanto la pedagogía activa como instancias concretas de ejercitación y luego de desempeño de labores profesionales–, su concreción es todavía limitada.
Se reconoce un avance en la identificación de competencias, pero todavía falta mucho por hacer: en la identificación de lugares de práctica cuando estos son externos a las universidades; en la formación de mentores o tutores de práctica en estos lugares; en la integración de los saberes teóricos y prácticos que enriquecen el currículo. Sin embargo, todos estos elementos están presentes, si no en todas, al menos en algunas instituciones, en algunas áreas, en algunos ámbitos. Este es el principal valor del proyecto: identifica y rescata estas experiencias, que tienen distintos grados de éxito, pero que están ahí, y permiten mostrar lo que es posible lograr y lo que falta por hacer.