Ir al contenido principal

Centro Interuniversitario de Desarrollo

Dra. Alba Guerrero Díaz (2)
Dra. Alba Guerrero Díaz
Decana de la Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá
2025-07-25
Entrevistas
“La internacionalización transformadora es una dimensión que debe atravesar las funciones sustantivas de la universidad: la docencia, la investigación y la vinculación con el entorno”

Dra. Alba Guerrero Díaz. Decana de la Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá

 

La Dra. Alba Guerrero Díaz es Decana de la Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, desarrolló una exposición online con el objetivo de dar a conocer el proyecto de Internacionalización transformadora de CINDA, el que ella coordinó. En ella se refirió a los principales hallazgos y propuestas derivadas del proyecto de investigación sobre internacionalización transformadora, que surge como un objetivo de la Red de Vicerrectores Académicos, VRA y se transforma recientemente en la Red de Internacionalización Transformadora, RIT, que en marzo de este año realizó la primera reunión en la Pontificia Universidad Javeriana de Cali en Colombia. En esta entrevista nos habla del concepto de la internacionalización transformadora, la ampliación de su enfoque y el impacto que esta tiene en las instituciones de Educación Superior.

 

¿Cuál es la conclusión más importante del proyecto de internacionalización transformadora?

Uno de los aprendizajes centrales del proyecto fue comprender que la internacionalización transformadora no puede entenderse como un conjunto aislado de acciones —como la movilidad o los convenios—. Por el contrario, se trata de una dimensión que debe atravesar las funciones sustantivas de la universidad: la docencia, la investigación y la vinculación con el entorno.

El proyecto en su desarrollo generó oportunidades concretas de colaboración a partir de una metodología colaborativa en la que las universidades participaron en el proceso de recolección y análisis de la información. Su principal resultado fue la construcción de un modelo de sistema de colaboración que desarrolla la importancia de articular acciones intrainstitucionales e interinstitucionales, y que plantea que, al fortalecer el capital humano, estructural y relacional de las instituciones, se crean mejores condiciones para avanzar hacia una internacionalización con sentido transformador.

Y en este camino, el trabajo en red ha sido esencial. El proyecto mostró que cuando las universidades se articulan, comparten experiencias, reflexionan juntas y reconocen la diversidad de sus contextos, se potencian mutuamente. Justamente ahí radica el enorme valor de la red y de CINDA: en ser una plataforma que facilita ese encuentro, que acompaña los procesos y que permite avanzar colectivamente.

 

¿Cuáles fueron las experiencias más enriquecedoras de las distintas universidades?

Más que destacar experiencias institucionales específicas, lo más valioso del proyecto fue la metodología colaborativa que permitió un análisis transversal entre las universidades participantes. No se trató de evaluar buenas prácticas de forma individual, sino de construir una visión común a partir de la diversidad.

Esa diversidad de trayectorias, contextos y enfoques fue una gran fortaleza. Permitió reconocer necesidades compartidas, capacidades existentes y, sobre todo, crear colectivamente un sistema de colaboración que respeta las particularidades de cada institución, pero que promueve una lógica de cooperación, no de competencia. En ese sentido, lo más enriquecedor fue comprobar el poder de una red que aprende junta, que se fortalece desde las diferencias y que apuesta por una internacionalización más justa, crítica y pertinente.

 

¿Cuál es el impacto que tiene el proyecto de internacionalización transformadora en las instituciones de Educación Superior?

El impacto del proyecto, se refleja, sobre todo, en la manera como ayudó a las instituciones a mirar críticamente sus políticas y acciones de internacionalización. Más allá de los productos, el proyecto promovió un proceso de reflexión que visibilizó la necesidad de fortalecer el capital humano —formando docentes y equipos de gestión—, el capital estructural —alineando políticas y recursos— y el capital relacional —consolidando redes, vínculos y proyectos comunes—.

Esto permitió entender que la internacionalización no debe limitarse a indicadores, rankings o movilidad, sino que debe ser parte viva del quehacer universitario cotidiano. Hoy más que nunca, las universidades enfrentan desafíos globales —como la crisis climática, las migraciones, la desigualdad, la transformación digital— que no pueden abordarse de manera aislada. Por eso, hablar de internacionalización transformadora es hablar de una universidad que se conecta con el mundo, pero desde una perspectiva ética, intercultural y comprometida. Una universidad que se abre al diálogo, que construye puentes, que aprende del otro y con el otro, y que transforma sus propias prácticas a partir de ese intercambio.

 

¿Cuál es el aporte de CINDA en este proyecto de internacionalización transformadora?

El aporte de CINDA ha sido fundamental en todos los sentidos. No solo por su capacidad de articular universidades diversas en torno a una agenda común, sino por su compromiso con una visión crítica y humanista de la educación superior. CINDA ha acompañado los procesos con rigor técnico, pero también con cuidado metodológico y una apuesta ética muy clara: fortalecer una red que no solo intercambia buenas prácticas, sino que se piensa colectivamente, que se reconoce diversa y que actúa con propósito.

Posicionar esta red al interior de las instituciones, darle visibilidad y legitimidad, es clave para que la internacionalización deje de ser algo periférico y se convierta en una dimensión estructural de los proyectos educativos. Porque en el fondo, lo que CINDA y este proyecto nos invitan a pensar es cómo construir, desde la universidad, un mundo más conectado, más justo y más humano.